REVIVIENDO EL AMOR PATRIO: BATALLA DEL 5 DE MAYO
escrito por Gloria Pinto Mena   
jueves, 26 de julio de 2012
Image Recorriendo las páginas de nuestra historia, se revive el amor patrio hacia mi amado país: México, ya  que,  en 1862 el ejército mexicano al mando del general Ignacio Zaragoza, libró una gran batalla en la ciudad de Puebla de los ángeles, hoy Heroica Puebla de Zaragoza, logrando vencer a uno de los ejércitos  más poderosos del mundo de aquél entonces: El ejército francés, el cual había desembarcado en el puerto de Veracruz, con la intención de invadir el territorio mexicano. 
 
El día 4 de mayo de ese mismo año, o sea un día antes de llevarse a cabo la tan laureada batalla, se dio también una batalla en las inmediaciones de la hacienda Las Traperas del municipio de Atlixco Puebla,  entre las fuerzas conservadoras y el ejército Republicano, al frente de estas últimas los generales: Antonio Carbajal y Tomás O Harán, la que seguramente también contribuyó a la victoria del 5 de mayo, que en la actualidad nos llena de orgullo; y merecidamente, todo el pueblo mexicano celebra año con año, recordando el valor de aquellos que dieron su vida por nuestra soberanía.

Antecedentes:
El licenciado Benito Juárez había sido reelegido a la presidencia de México el 15 de junio de 1861, e implantó un gobierno austero debido a que el país, después de haber sufrido muchos años diversas guerras políticas; la economía estaba en bancarrota, por consecuencia el pueblo estaba cansado, agotado y muchas familias de luto, por la muerte de alguno de sus familiares, provocados por estas guerras intestinas.

Las opiniones políticas estaban divididas, habiendo grupos de oposición a las Leyes de Reforma que el Presidente Juárez había implantado. Estas fuerzas eran llamadas conservadoras que incluso habían viajado a Europa con el fin de “negociar” la venida de un príncipe europeo a gobernar al país.
El Presidente Juárez se da cuenta de que es necesario revitalizar al país, pero éste tiene grandes deudas que ha contraído con naciones extranjeras como son: Francia, Inglaterra y España por lo que el 17 de julio de 1861 expide un decreto en el que, ordena se prorrogue por dos años el pago de dichas deudas extranjeras.

Las naciones involucradas no estuvieron de acuerdo y celebran el 31 de octubre de 1861 la Convención de Londres, en donde firman la alianza de los tres países para hacer pagar a México por la fuerza de las armas, quedando de acuerdo en desembarcar en el puerto de Veracruz. Los primeros en llegar al puerto mencionado fue la flota española en diciembre de 1861. Los franceses arribaron a México el 9 de enero y unos días después desembarcaron los ingleses.
El general Manuel Doblado, Ministro de Relaciones Exteriores firmó con los comandantes extranjeros el 19 de febrero de 1862, los Tratados Preliminares de La Soledad, hoy de Doblado, aceptándose que las negociaciones empezarían en la Ciudad de Orizaba, Veracruz.


El 16 de abril, Juan Prim y de Prats, representante español, nombrado por la alianza tripartita para hacer las negociaciones, informa a Ignacio Zaragoza, entonces Secretario de Guerra y Marina, que las flotas española e inglesa, aceptaban las condiciones del decreto emitido por Benito Juárez, sobre la suspensión de pagos de la deuda, por lo que, se retirarían a sus respectivos países y al mismo tiempo, alerta al general Zaragoza, sobre el avance de las tropas francesas en su intención de llevar a cabo una invasión, la que se dirigía hacia la capital de la república.


Desarrollo:

Las fuerzas francesas salen de Orizaba, Veracruz, el 27 de abril por la mañana, dirigidos por Charles Ferdinand Latrille, Conde de Lorencez, con rumbo hacia el oeste: A Puebla. Este insolente general francés envía un comunicado a Francia con el siguiente contenido: “Tenemos sobre los mexicanos tal superioridad de raza, de organización, de disciplina, de moral y de elevación de sentimientos que suplico a V.E. se sirva decir al Emperador, que desde ahora, a la cabeza de sus 6 mil soldados, soy dueño de México “.

El presidente Juárez, organiza rápidamente al ejército mexicano, para enfrentar a los invasores con unos 10 mil hombres denominada Unidad Bélica “Cuerpo del Ejército de Oriente” y al frente de ellos, el general Ignacio Zaragoza, quien se dirige hacia los límites de Veracruz y Puebla, con el propósito de reconocer el avance de las tropas francesas.

El 3 de mayo Zaragoza arriba a la Ciudad de Puebla la cual no apoya a las fuerzas mexicanas, sino más bien, son partidarios de las fuerzas conservadoras del país y no se prestan a defender la Ciudad.

Se cuenta que todos los habitantes de la Ciudad de Puebla se escondieron para no participar en la defensa de la ciudad, pero Puebla fue defendida con gran valor del ejército; dirigidos por el general que sabía lo que hacía, ya que, en menos de dos horas el Gral. Ignacio Zaragoza planeó la defensa de la ciudad, desde los fuertes de Loreto y Guadalupe, con estrategias militares que más tarde reconocerían como muy acertadas.
El ejército mexicano arriba a la ciudad vacía y el batallón se interna en los cuarteles. El Gral. Zaragoza se expresa así de Puebla: “Esta Ciudad merecería ser quemada, pero no sería justo por los inocentes”. Sin embargo, las autoridades de la Ciudad de Puebla tomaron las medidas que el caso ameritaba ya que, pronto las fuerzas francesas arribarían a la capital del estado. Se levantaron trincheras, se hicieron apertura de fosos en el cerro de Guadalupe, fortificando estos dos lugares: Loreto y Guadalupe, donde Zaragoza pretendía esperar a los franceses.

Se cerraron vinaterías, pulquerías y tendejones que vendieran licores, así también se prohibió el uso de cohetes, voladores y fuegos artificiales. El gobernador de Puebla emitió la orden de que, sería altamente juzgada cualquier persona que abusara por la situación de guerra, o que cometiera un robo; así mismo, se prohibieron las reuniones de más de cuatro personas y también que todos se refugiaran en sus casas a partir de las 6 de la tarde.
Se decretó que los jueces de manzana tomaran lista de aquellos hombres de entre 16 a 60 años y se presentaran, para la defensa de la Ciudad, la señal sería un cañonazo de aviso y el toque de la campana mayor de Catedral.

Zaragoza llega al cerro de Guadalupe donde es informado que, los conservadores al mando del general Leonardo Márquez con una brigada de soldados, se dispone apoyar a las fuerzas francesas que se dirigen a la Ciudad de Puebla.

Ante tal comunicado, el general Zaragoza dispone de un grupo de valientes soldados al frente de ellos los generales Antonio Carvajal y Tomas O Harán y los envía a impedir el avance de las tropas conservadoras, las que encuentran en las inmediaciones del Municipio de Atlixco, Puebla, frente a la hacienda Las Traperas, en donde con 1200 hombres enfrentan a las fuerzas conservadoras, las que son diezmadas, tanto en su número como en su capacidad.
El general Zaragoza organizó al ejército para la defensa de la ciudad con una batería de batalla, dos de montaña, cubriendo Loreto y Guadalupe con 1300 hombres, formando a los otros 3,500 hombres en cuatro columnas con una batería de campaña, tres brigadas de infantería y una de caballería. La línea de batalla mexicana forma un ángulo que se extiende desde Guadalupe hasta la plaza de Román, frente a las posiciones enemigas. Sobre el camino que conecta al poblado de Amozoc, el Gral. Francisco La Madrid con su pelotón, protege a las tropas potosinas con dos piezas de artillería. La derecha la cierra el General Porfirio Díaz con la división de Oaxaca y los lanceros de Toluca y Oaxaca.

Hacia las 9:45 de la mañana del 5 de mayo de 1862, se dejan ver en el horizonte las tropas francesas. El ejército mexicano espera valientemente la orden acordada para el inicio de la batalla.

El cronista francés apunta. “El Conde Lorencez es aconsejado por mexicanos adheridos a él, de dar la vuelta a los cerros y dirigirse directamente a Puebla, pero él no escucha, siente un gran desprecio a los mexicanos, lo que le ocasionará muchos contratiempos”…en otro momento nos narra: “En vano busca en la llanura ¡En donde está la Puebla anti juarista y los 10 mil hombres de Márquez! ¡Debiera ya de haberme encontrado!”
“De repente se oye un cañonazo…solo uno…se ha oído que ha partido del fuerte de Guadalupe”

Enseguida salen desde los matorrales, las fuerzas mexicanas, se da un encuentro casi cuerpo a cuerpo, el ejército mexicano despliega todo su valor y los franceses ven demeritada su fuerza.

La columna francesa es rechazada de Guadalupe y en Loreto son contenidas otras columnas asaltantes; mientras los franceses prosiguen su fuego sobre los cerros; la respuesta mexicana fue tan contundente, que los franceses retroceden ante la valentía del ejército mexicano, quienes aunque pobremente armados con machetes, lanzas, hoces y diversos instrumentos de labranza, pero llenos de valor, enfrentaron al enemigo.

Es el momento que aprovechan los mexicanos para enviar, de acuerdo a la sugerencia del general José Rojo, a la Caballería Mexicana para tratar de hostigar más al enemigo y alcanzar su derrota. También entran en acción los carabineros de Pachuca lanzando terribles mandobles de sable sobre los franceses.
Mientras tanto, en la Ciudad de México hay gran inquietud; debido a que no tienen noticias del regimiento y es cuando se recibe el primer parte de guerra del Gral. Zaragoza: “se ha roto el fuego de los dos lados y cae un fuerte aguacero…Zaragoza”.

Los capitalinos respiran aliviados, pero a la vez preocupados ya que, pensaban que Zaragoza no contaría con la tropa que dos días antes había mandado a impedir el avance de las fuerzas conservadoras, bajo las órdenes de Antonio Carvajal y Tomás O Harán.

El Conde de Lorencez Jefe de las fuerzas francesas, no cree que su ejército esté mermando sus fuerzas, se apresta a combatir, pero es acosado por los zapadores al mando del Gral. La Madrid y se traba un terrible combate a bayoneta. El Cabo Palomino en plena batalla, se bate cuerpo a cuerpo con un arrogante francés y se apropia de su estandarte; tomándolo como botín de guerra al caer el soldado francés, abatido mortalmente por su bayoneta.
Zaragoza estaba ansioso, manda a paso veloz al batallón reforma en auxilio de los cerros donde franceses y mexicanos se disputan la victoria. Se encontraba en Loreto un cañón de 68 que causaba grandes estragos en las columnas francesas, estos últimos hacen un esfuerzo desesperado y se abalanzan sobre el cañón.

 

El artillero, es sorprendido por la rapidez, tiene en sus manos la bala del cañón que no alcanzó a colocar; entonces aparece ante él un soldado francés y tras de este el resto de la columna, el artillero aprovecha la situación y arroja la pesada bala al soldado francés que mortalmente herido por golpe tan contundente, cae sin vida al foso y esto desmoraliza al resto del pelotón que retrocede perseguido y sin darle cuartel por el grupo reforma.

El general Díaz acude en auxilio de los rifleros de San Luis: Mueve al batallón guerrero a las órdenes del Gral. Jiménez trabándose un glorioso combate cuerpo a cuerpo haciendo retroceder a los franceses. El éxito alentó al Gral. Díaz: A la izquierda manda a dos piezas de artillería mientras por la derecha los rifleros de San Luis se reponen de la escaramuza, y el mismo Gral. Díaz, encabeza la ofensiva de la Carga de lanceros. Esta estrategia logra la dispersión de las líneas enemigas y Díaz queda dueño del campo y necesitó de repetidas ordenes de Zaragoza para que se retirase a sus posiciones.

“Yo no podía atacar, porque derrotados como estaban mande por tanto, hacer alto al Gral. Díaz que con empeño y bizarría los siguió y me limité a conservar una posición amenazante”. Instantes después se hace notorio el repliegue de las tropas de Lorencez bajando del Cerro de Guadalupe, en completa dispersión. Lorencez no puede contener las lágrimas de la derrota y decide retirarse hacia su campamento, hacia la Hacienda de Los Álamos.

Atónito, el ejército mexicano cansado y todos mojados, ven estupefactos que las fuerzas francesas se disponen a la retirada. Era un momento de gloria para aquel ejército que daba la vida por defender a la Patria. Habían defendido al país aun sin tener preparación militar y con las pobres armas que pudieron obtener de su labranza, eran buenos mexicanos, venidos de todo el país: Como dijera el mismo Zaragoza:
“…puedo afirmar con orgullo que ni un solo momento volvió la espalda al enemigo el ejército mexicano durante la larga lucha que sostuvo” “Pelean bien los franceses, pero los nuestros matan bien”

Amargamente expone el mismo Lorencez, en estas palabras que dirige a su gobierno sobre el desastre de Puebla: “Tal era, señor Mariscal mi situación ante Puebla, la ciudad más hostil a Juárez, según la opinión de aquellos a quienes debía dar crédito y los que, me aseguraban, formalmente conforme a las noticias, que yo debía ser recibido allí con transporte, y mis soldados entrarían cubiertos de flores, con la confianza inspirada por esas seguridades engañosas, nos presentamos ante Puebla”

El Ejército de Oriente se integró de la forma siguiente:
2ª. División de Infantería al frente general Miguel Negrete con 1200 soldados.
Guardia nacional de Puebla zacapoaxtlas. Gral. José Rojo (26 elementos)
Compañías de la Villa de Tetela de Ocampo al frente Gral. Juan N. Méndez (115 elementos)
6ª. Cía. De la Municipalidad de Xochiapulco (26 elementos)
Brigada de infantería, general Felipe Berriozábal 1 082 soldados
Brigada de Infantería General Francisco La Madrid, 1 000 soldados
Tercera Brigada de infantería Porfirio Díaz 1 020 soldados
Brigada de Caballería general Antonio Álvarez 550 jinetes
Tercer Regimiento de Carabineros de Pachuca, Gral. Antonio Álvarez 500 elementos
Cuerpo de Caballería ligera 152 elementos
Escuadrones de lanceros de Toluca y Oaxaca
Brigada tiradores y cazadores de Morelia

Comandantes: Juan N. Méndez, Lázaro Garza Ayala, Jesús González Ortega, Antonio Rodríguez Bocardo, Pedro Lira, Doroteo León, Miguel Lira y Ortega, Francisco La Madrid, Joaquín Colombres, Zeferino Rodríguez, Ignacio Rivadeneyra, Gral. Jiménez, Gral. Arteaga.

Entretanto en la Capital, no se habían recibido noticias del general Zaragoza, rápidamente el presidente Juárez hizo salir en auxilio al general Antillon al frente de los cuerpos de Guanajuato, quedando la capital de México con poco menos de dos mil hombres, lo cual era totalmente arriesgado para la seguridad de la capital del país. Juárez se jugaba el porvenir de la Patria; pero era necesario reforzar al ejército en batalla.

Por fin llega el parte militar: Recibido en Ciudad de México a las 16 horas y 15 minutos del 5 de mayo de 1862…”Sobre el campo dos horas y media nos hemos batido. El enemigo ha arrojado multitud de granadas. Las columnas sobre el cerro de Loreto y Guadalupe han sido rechazadas, seguramente atacó con cuatro mil hombres. Todo su impulso fue sobre el cerro. En este momento se retiran las columnas y nuestras fuerzas avanzan sobre ellas…Ignacio Zaragoza”
Se produjo un silencio total…continúa el encargado de dar parte:

Puebla, cinco y cuarenta y nueve minutos de la tarde: General Ministro de Guerra. Las armas nacionales se han cubierto de gloria, las tropas francesas se portaron con valor y su jefe con torpeza. El enemigo ha hecho esfuerzos supremos por apoderarse de la plaza, que atacó por el oriente de izquierda y derecha durante tres horas. Fue rechazado tres veces en completa dispersión y en estos momentos está formando su batallón de cuatro mil y pico de hombres, frente al cerro de Guadalupe, fuera de tiro. No lo bato como desearía, porque el Gobierno sabe que para ello no tengo fuerza bastante. Calculo la pérdida del enemigo, que llegó hasta los fosos de Guadalupe en su ataque, en 600 o 700 los muertos y 400 los heridos. Sírvase dar parte al Ciudadano Presidente de la República.

DESENLACE:

¡¡El ejército mexicano había vencido a las tropas francesas!!
Era la locura… ¡Las campanas de la ciudad repicaron a vuelo; todos festejaban la victori!. Los músicos militares y las bandas de guerra saludaban con su tres de diana. El Gral. Zaragoza desfiló frente a sus valientes soldados, bañados en lágrimas, festejando y admirando a su General.
El día 6, ya con los refuerzos de Guanajuato en los fortines, Zaragoza esperaba un nuevo ataque por parte de los franceses, pero estos el 8, formaron sus tropas y se retiraron a San Agustín del Palmar, Veracruz, siendo saludado por la artillería republicana y la banda de guerra de los carabineros quienes tocaron: Escape. Zaragoza se vistió de gloria con esta batalla pasando a la historia con un hecho inolvidable para los mexicanos. ¡Una batalla excepcional!
Fue la rehabilitación de México ante al mundo. El sentimiento nacional no se ha equivocado en colocar a esta batalla entre los sucesos más gloriosos de los anales patrios, ¡De esta batalla, de este lugar, data una nueva época en la historia de México, y de América Latina!

 

Anécdotas y notas a modo de epilogo:

  • El ejército francés según la historia, únicamente se ha retirado del campo de batalla en dos ocasiones: Al retirarse Napoleón Bonaparte de la lucha con el pueblo ruso…y la otra el 5 de mayo de 1862 en México.
  • El Presidente Benito Juárez, el 21 de mayo de 1862, publica el decreto de Condecoración a los participantes de la Batalla del 5 de mayo de ese año, entregando dicho reconocimiento en gran ceremonia en El Fuerte de Guadalupe el 2 de marzo de 1863, acompañado de su gabinete.
  • Cada 5 de mayo, los conscriptos, que están en cumplimiento de su servicio militar en las capitales estatales de la República Mexicana; juran lealtad a la Bandera Nacional y a las Instituciones.
  • Hasta el 30 de agosto de 2010 circuló el billete mexicano de 500 pesos con la imagen del Gral. Ignacio Zaragoza y una escena de la batalla así como la conocida frase: “Hoy las armas nacionales, se han cubierto de gloria”
  • Existe una población en E.U. de origen mexicano que lleva el nombre de: Fiesta del 5 de mayo
  • Se decretó, dos días después de la batalla del 5 de mayo, otorgar 2 pesos a cada uno de los heridos en combate.
  • El Gral. Ignacio Zaragoza como Comandante Mayor expidió a Tomás Segura, de Tetela de Ocampo, Puebla, un certificado en donde constata que él fue el primer individuo de todo el ejército de oriente; en hacer el primer contacto con el ejército francés el 5 de mayo de 1862.
  • Dos cuartetos de un poema de nueve, de Abel Pérez Rojas, a la Batalla del 5 de mayo de 1862

General Márquez y conservadores
¿Por qué auxilian al invasor?
¡Qué bueno sería quemar Puebla!
Pero no todos perdieron su honor.

Fuertes de Loreto y Guadalupe
Cobijen a sus bravos guardianes,
Soportaron la incendiaria pólvora
Resistieron el ataque del invasor.

FUENTES:
México a través de los Siglos. José M. Vigil. Editorial Cumbre, S. A. México. D. F.
Tomo lll del Diccionario Enciclopédico de México.
Archivo Municipal de la Ciudad de Puebla..
Texto: Historia de México segunda edición de Gloria María Delgado.
Texto: Una verdad histórica de Luis Torres Molina

Modificado el ( jueves, 26 de julio de 2012 )