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La Plantita de Café PDF Imprimir E-Mail
escrito por Administrator   
martes, 24 de junio de 2008
ImageQue gusto volver a comunicarme con ustedes asiduos lectores de esta página, porque hay mucho que contarles ya que estamos de regreso después de asistir al V Encuentro Internacional de la crónica e historiografía en el vecino país de Guatemala, evento efectuado en diversas poblaciones de ese ya entrañable país  y  el tema a desarrollar fue: El café. En esta ocasión también se llevo a cabo un concurso de poesía   Fueron muchas las ponencias y poemas  presentados por los cronistas y muchas las atenciones recibidas, muchos los lugares visitados y muchas las vivencias por contar.

En esta mañana mi café me sabe diferente, mejor diría yo,  pues sé bastante de lo mucho que encierra el que llegue a mi mesa esta aromática infusión (trabajo, dedicación, tristezas y esperanzas)  por tal motivo quiero  compartir con ustedes el primer premio de poesía  otorgado a José de León Rodríguez de Socotenango Sacatepequez, Guatemala, C. A  Es un poema tierno y emotivo…  y  ¿porque no? Acompáñalo con una taza de café…como nos gusta a nosotros…
¡Con mucho pan!

LA PLANTITA DE CAFE
José de León Rodríguez

A la floración de esmeralda de mi patria
vino de lejos una planta
cuenta la leyenda que allende de los mares,
en un barco de maderas y de velas
temblando venía, era una infanta.

La trajeron de Arabia escondida,
en el vientre de la barca en que viajaba,
cuatro hojitas trémulas lanzaban suspiros
por la madre y por la patria que dejaba.

¿Qué sufrió aquella alma verde en el fondo
de esa bóveda tenebrosa y sombría,
entre bultos, balas de cañón y ratas que corrían
y el golpe de las olas de mares tan profundos?

¡Que desesperanza! En el esqueje en que venía la plantita,
tembloroso el tallo, suspiros lanzaban las hojitas
y al rudo bamboleo del barco en que navega
busca en la negrura a Alá a quien ruega.

A veces los marinos, cuando bajan
al vientre por algunos alimentos,
entra con premura ese sol que la conoce,
la besa con ternura y sus hojas acaricia
y deja en el esqueje el calor que la alimenta.

A veces bajan llevando en la mano
la taciturna luz de una lámpara marina
entonces amorosa como una madre
besos de luz  le regala aquella luna
que al verla tan triste y tan solita
le pinta de plata las hojitas.

¿A dónde voy? se pregunta la infanta
y ruidos extraños le responden,
chillidos lanzan las ratas que presienten
que algo grave viene y se espantan.

Un sudario de duelo se tiende en el zafir,
las olas, el viento las levanta
y en la cresta les hierve de cólera la espuma,
azota con furor la borrasca a los maderos,
que estos crujen y se asustan.

Los marinos, ya curtidos en la lucha
de enfrentarse de frente con la parca
enrollan las velas a los palos y éstas dan
chicotazos con las puntas silbando en el espacio
gritan y los truenos les responden
cual si diabólicas carcajadas éstos fueran.

Ora, aquel galeón estaba en la cresta de una ola,
al instante caía en un abismo de aguas turbulentas
y aquella plantita de café, de pánico temblaba
y le pedía a Alá que a otros cielos la llevara.

Su Dios escuchó el ruego en el instante,
apaciguó las aguas y en brisas se transforma
aquel rugir de la tormenta
las velas se hincharon y el barco se alejaba
bajo un cielo de estrellas que brillaban.

La luna se fue tras de la espuma
de aquel mar que tranquilo suspiraba,
lanzó su cabellera entre las velas
y en las rendijas de maderas penetraba
y enredaba los cabellos de plata en la trémula plantita
que rendida a sus amores se entregaba.

Así se quedó dormida al vaivén de aquellas olas
y despertó al grito de los rudos marineros,
que felices llegaban a tierras tropicales,
absorta quedó al ver aquella flora
y las notas de aves cantarinas
perfumes de flores extrañas y tan bellas
que abrían los brazos para aquella extranjera.

Un viento perfumado llegó hasta su tallo
y el sol pintó de esmeraldas sus hojitas,
sintió de la tierra el tibio vaho,
que después alimentó sus débiles raíces.

Y aquí se quedó en estas tierras la viajera,
que venía temblorosa en aquel vientre infernal,
hoy es reina en mi patria Guatemala
y su fruto pinta a la tierra con rojos de bengala
y su grano sostiene la economía nacional.

Modificado el ( martes, 24 de junio de 2008 )
 
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