Inicio arrow Crónicas arrow Recordando a Jaime Sabines

Recordando a Jaime Sabines PDF Imprimir E-Mail
escrito por Gloria Pinto Mena   
miércoles, 02 de abril de 2008

ImageEn estos días, precisamente del 1º. Al 7 de abril en el Centro Cultural de Chiapas “Jaime Sabines” se llevó a cabo un magno evento para celebrar al poeta mayor de Chiapas, Jaime Sabines, el cual curiosamente nació en el mes de marzo de 1926 y murió el mes de marzo de 1999.  Así que se celebra tanto su natalicio como su fallecimiento. 


  En este centro de cultura que muchos lo han bautizado como la catedral de la cultura de Chiapas se dieron infinidad de eventos de tipo cultural con la asistencia de: Historiadores, poetas, cronistas, narradores, escritores, y en general de muchas personas que no solo reconocen la trayectoria del desaparecido Jaime Sabines sino que son amantes asiduos de las letras y las bellas artes. 

Todos los eventos han sido muy edificantes, porque no solo conocemos mas de nuestro poeta mayor, orgullo de los chiapanecos, sino que también se ha dado un alegre y cordial intercambio de ideas, de versos, de libros, etc. En lo particular fui invitada por el Lic. Marco Antonio Orozco Zuarth, actual director del centro cultural a participar en una mesa redonda denominada “El Tuxtla de Jaime Sabines” en la que participaron: el Profesor Marte Fabio Gálvez, el Lic. Jorge Alejandro Sánchez Flores, el Lic. Roberto Fuentes Cañizales, la cronista de San Fernando Gloria Cano de Maza y su servidora Gloria Pinto Mena. 

La bienvenida estuvo a cargo del Lic. Marco A. Orozco Zuarth, el Lic. Roberto Gómez Maza, actual director de la Casa de la Cultura, el Lic. Eugenio Cifuentes Guillén, actual presidente de la Asociación de cronistas del estado de Chiapas. 

La participación de todos fue muy elocuente y aquí les transcribo parte de lo que me correspondió ya que, dentro de mi participación al llegar al punto dentro de mi relato, en el que Jaime Sabines es reconocido por el pueblo Chiapaneco, otorgándole el Premio Chiapas de manos del gobernador Dr. Samuel León Brindis en 1959, les leí el discurso que pronunciara Jaime Sabines al recibir tan merecido reconocimiento. 

Se los transcribo ya que, muchos no habían escuchado este discurso y me encargaron que lo subiera en la Internet en la página que tengo el gusto de mantener para mi beneplácito …y no tanto para mi hijo Fabián Eduardo que dentro de todas sus actividades me hace el gran favor de mantener estas líneas…en línea…. 
 

DISCURSO PRONUNCIADO POR JAIME SABINES CON MOTIVO DEL PREMIO CHIAPAS OTORGADO EN 1959. 

Detrás del mostrador de una tienda de ropa, en este Tuxtla nuestro y mío, tantas veces negado y repudiado, y tantas amado con asombro –perpetuamente amado como a la propia mujer, como a nuestra debilidad y nuestra fortaleza, nuestro defecto, nuestro error, nuestra salud y nuestra esperanza- detrás del mostrador, me puse  a aprender humildad y paciencia y sentí que debía disciplinarme, y que la vida está antes y por encima de la poesía.  Quiero decir que comprendí que no se debe vivir a lo poeta, sino a lo hombre.  (Quizá éste sea el truco más sutil de la poesía para exprimir a los que estamos en sus manos). 

Yo guardo una profunda gratitud a Pepe, a Rodolfo, a Humberto, a mi compadre Daniel, a todos los que me rodearon esos seis años de mi vida, a los que entraban a la tienda y a los que no entraron nunca y me decían únicamente que la vida no era fácil y que estar sobre la tierra, de pie, cuesta trabajo.  Yo me dije desde un principio, “hay que arriesgarse.  No valdría la pena ser poeta si se fracasara como hombre.  ¿Por qué  no poder ser hijo, esposo, padre, comerciante, oficinista, hombre común y corriente, perdido y encontrado entre todos los hombres?”.  Desde un principio me negué a que se me llamara “poeta”, que se me apartara con este título de la mayoría de la gente, que se me concedieran privilegios o canonjías.  Para muchas personas el poeta tiene derecho a emborracharse, a decir majaderías, a ser rebelde porque sí, a transgredir las leyes; el poeta es superior al orden.  Y yo siempre he querido emborracharme como cualquier hombre, con el mismo sentimiento de liberación de culpa. 

No quiero decir, sinceramente, que yo haya encontrado una solución.  Hay tensiones, hay fuerzas expuestas, contradicciones, que hacen la lucha.  Pero siento que voy bien; me alegro de poder agarrar la escoba sin avergonzarme, sin pensar siquiera en la escoba, me alegro de poder visitar a un establero de México y hablar con él de las vacas, de su alimentación, de los precios que fija el gobierno.  Siento, que todo esto, que cada día soy un poco más hombre y más poeta. 

Porque, de veras, cada vez que me siento crecer en compensación y en humildad, me siento crecer en la poesía.  Creo con toda el alma, que hay que vivir perdonándonos a nosotros mismos, por los crímenes que cometen los demás y por los nuestros.  (Otra vez quiero decir algo: Toda arte poética debe estar comprendida, subordinada al arte humano, al arte de vivir.). 
 
 

Yo vine a recibir un premio.  Me siento orgulloso, alegre, pero me siento también apenado, confundido.  Ustedes dicen: “A Jaime Sabines le corresponde este premio”, y yo digo: “Tienen razón, pero ¿quién es este Jaime Sabines? Dos o tres libros, con algunas páginas que quieren ser poemas, no son nada.  ¿Y qué va a hacer este Jaime Sabines con esta confianza de toda esta gente, con esta credulidad que es casi un milagro? ¿Qué va a hacer este pobre diablo con este premio? Es casi seguro que se ha gastado los cinco mil pesos antes de recibirlos, pero ¿qué va a hacer con este premio?, ¿qué va a hacer con estas palabras, con esta presencia de ustedes, con esta confianza de ustedes a esta hora? ¿Saben qué piedra, qué peso enorme le ponen sobre su corazón?  Porque éste premio es lo mismo que las palabras del padre: “Toma esto, hijo mío, yo espero”. 

¡Qué bueno que yo venga a recibir este premio de las manos del doctor León!  Porque la aventura política del doctor León es la aventura de la honradez humana en un tiempo deshonrado.  Es la misma aventura del poeta en nuestros días. 

Créanme ustedes que lo recibo alegre y afligido.  Y lo recibo también esperanzado.  Tengo la esperanza de vivir un poco más, de hacerme como ustedes me representan  y como yo deseo: un poeta, un hombre al nivel de su sangre, al ras de su tiempo.  Ojala que con esto algún día pueda darles las gracias.

Modificado el ( jueves, 03 de abril de 2008 )
 
< Anterior   Siguiente >