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Recuerdos del Barrio de Santo Domingo PDF Imprimir E-Mail
escrito por Gloria Pinto   
miércoles, 14 de septiembre de 2005

Al lado de esta casa la familia Alvarado Castañón, enfrente de estas dos últimas casas la taquería del señor Pablo Hernández. Cruzando la Segunda Poniente la familia del Señor Arturo López Poumián y señora Sofía Chavarría y sus hijos: Valentín, Arturo (el güero) José Antonio, Julio César y Beatriz, enfrente había una posada que le decíamos "el hotelito".

Tercera Avenida Norte Poniente, Antes llamada Avenida Auza

Empezando desde la Primera Poniente y "caminando" hacia el poniente, los vecinos: la Señora Lindita Albores, enfrente la casa que ocuparon las maestras Zoilita y Emita Ruiz, en esa casa empezaron su "Academia Ruiz". Familia Vázquez Borraz, la señora Elvira (que cantaba muy bonito en la Iglesia), su hijo Gilberto (Gibe), su hermana Lulú. Enfrente la familia de la señora Alicia Esponda de Cifuentes y sus hijos: Alicia y René, al lado de esta casa la familia De Paz, el señor Alejandro su esposa y sus hijos: Lilia, Velia y Manuel. Más o menos enfrente de esta casa la familia del señor Glafiro Vleschower y su esposa Lolita. Al lado y ya en la esquina la familia del Profesor Oscar Mota, su esposa Lucy y sus hijos: Oscar, y Roger, enfrente de esta esquina la familia Gutiérrez. 

Cruzando la Segunda Calle Poniente recordamos a la familia Jácome, familia del Señor Eliseo Ramírez y su esposa Mely Infante, y al lado, más o menos la casa del Profesor Domingo Maza. A la mitad de esta calle se encontraba una ermita que era muy visitada por los vecinos y se celebraban muchas fiestas, sobre todo al Cristo que era una imagen "de bulto" muy grande. Esta ermita se encontraba dentro de la propiedad del señor Manuel Paz y señora Florentina Albores. Tenía un gran "palo" de nanbimbo enfrente y nos cuentan sus nietos que era un buen pretexto el árbol porque estaba muy grueso su tronco y corrían alrededor de él "huyendo" de la corretiza cuando era el "Sábado de Gloria".

Cruzando la Tercera Poniente  se encontraba una peluquería, en la esquina cuyo dueño era muy popular en el vecindario, le llamaban El Boston. En esta peluquería se reunían muchos jóvenes (no había aquello de "unisex") y se convertía por las tardes en una alegre "tertulia", enseguida la familia del señor Salvador Paz y Señora Eglantina Chacón  sus hijos: Zoila, Armando, Rubén, Salvador, Amparito, Manuel y Flor de María. Esta familia tenía una panadería, eran famosos en el barrio: El marquezote, el "pan francés" y "las yemas" etc.

En resumen era un barrio de vecinos amables, alegres, y sobre todo de gran calidad humana y diversidad.


 Todos somos importantes en un barrio, en una ciudad. Lo importante viene de los valores, de la honestidad y de la amistad. Valores que con el tiempo son los que verdaderamente perduran, porque,  al enterarme de algunos aspectos de su vida principalmente los de alegría, uno se da cuenta de que todas y cada una de las familias han dejado una huella muy grande en sus descendientes, por la forma en que se expresan. Esa es la verdadera trascendencia: vivir o seguir viviendo en los que van continuando la estirpe y el carisma de cada familia.

Por esa razón quisiera con todo el respeto hacer una lista sencilla de los vecinos la cual no será completa hoy, pero afortunadamente hay mucha voluntad para completarla lo más pronto posible, pues la razón principal de este trabajo es valorar la vida diaria, el devenir de los acontecimientos el recordar lo bonito, lo alegre de un barrio, que sigamos conservando "algo" de lo mucho y bello que tenemos cada una de las personas para dar y dejar en los demás: nuestras tradiciones, nuestras costumbres y así dejar la huella, que debe de enorgullecer a los que son los jóvenes y niños de hoy y que serán los ciudadanos del mañana. Preocuparnos más por el ser que por el tener que es la tendencia de estos tiempos.

En lo particular yo no estoy peleada con el progreso, me encanta la modernidad, como este trabajo por ejemplo tan a gusto con una computadora, cosa que no se podía hacer antes, si no que le pregunten a don Ruma o a tantos que lucharon con sus plumas de tintero. Eso es muy bueno, pero sin dejar lo que nos da la identidad en este caso de tuxtlecos. Que a gusto ver noticias cómodamente sin estar pegada a un radio que a veces "se iba" la señal.

Tantas y tantas cosas que se han mejorado para nuestra comodidad en la actualidad y todo lo que vendrá, pero sinceramente hemos perdido mucho de lo que si deberíamos de defender.   Queremos que todo lo haga "la autoridad", "es....que el Gobierno…" "es que..." Es que somos todos y cada uno que hemos hecho a un lado estas tradiciones, no tiene nada de malo comerse hoy un elegante dulce empaquetado,  pero hoy por ejemplo que difìcil es encontrar aquel dulce que se le decía "africanos"; yo los estuve "rastreando" pero "dicen" es que ya murió la señora  que los hacía. ¿Que pasó?  De eso me quejo a mi me gustan las recetas de estos manjares, ¿pero saben? nadie comparte sus "secretos" y se los llevan a la tumba y con ella la tradiciòn de muchos años, tal vez de decenas de ellos son dulces que sólo aquí podemos conseguir.

Se acuerdan del chile chimboroto que es ingrediente primordial para el "cochito"? ya no se consigue. Pero bueno yo me uno al cronista Gustavo Montiel sobre sus sugerencias que hiciera hace ya aproximadamente 40 años y no las tomaron en cuenta sobre las calles: poner en una plaquita el nombre de la calle de hoy y la de antes. 

Yo sugiero que hubiera un lugar bonito no de toscos y antiestéticos puestos en donde pudiéramos encontrar estos dulces y comidas tuxtlecas, a lo mucho tienes que ir al mercado "viejo" y comer ahí parada sin ninguna comodidad estas delicias. Y curiosamente la gente mayor es la que busca estos "antojos" y son los que menos pueden estar parados, hay que ver la realidad.

Este lugar puede ser el Parque Santo Domingo y degustar el arroz con leche, la leche quemada, la gran variedad de dulces, hacer en suma un lugar que sea un centro turístico para propios y extraños.  Se nos hace más fácil dejar todo y ver como van agonizando las cosas. 

Vaya, usted que vivió la feria de Santo Domingo y verá tristemente como agonizan no sólo la feria y las tradiciones sino que principalmente el templo que es tan antiguo, tiene el mínimo de espacio.

Cómo nos agradaría a muchos que somos vecinos del barrio, viejos y jóvenes que se pusieran de acuerdo las autoridades eclesiásticas y municipales para que se rescatara "algo" de lo mucho que hemos dejado morir.

También hay que reubicar esas líneas de camiones, sin dejar de oír sus razones que también parecen lógicas. ¿Pero como está la calle? Llena de baches por el peso de tantos camiones ¿y el ruido?, ¿El tráfico? Hay que ponerse de acuerdo porque esto es un problema de mucho tiempo. 

Modificado el ( jueves, 06 de octubre de 2005 )
 
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