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Recuerdos del Barrio de Santo Domingo PDF Imprimir E-Mail
escrito por Gloria Pinto   
miércoles, 14 de septiembre de 2005
Recuerdos del Barrio de Santo Domingo en Tuxta Gutiérrez, Chiapas, México.
De acuerdo a los historiadores que han contribuido al conocimiento de aquel nuestro pasado para poder atesorar como legado invaluable para todas las generaciones de nuestro querido Tuxtla Gutiérrez,  este valle formado por los cerros Matumactzá y Huitepec, desde tiempos inmemoriales fue  habitado por los zoques que era la etnia predominante en el mencionado valle llamado de Tochtla.

  Por los años de 1561 se registró como poblado a aquella antigua aldea de Tochtla por los religiosos dominicos  a la que se le aumentó a ese nombre de Tochtla, el del Santo Patrono San Marcos así que fue reconocido como San Marcos Evangelista Tuchtla, más adela4nte se llamaría San Marcos Tuxtla.  

Esta organización de personas se empieza a reconocer como pueblo con diversas tradiciones y nacen así los primeros barrios en el correr de los años 1611:  San Jacinto, Santo Domingo, San Andrés y San Miguel. Barrios en los cuales fueron erigidos ermitas y templos como patrono de barrio, estos templos o ermitas datan del siglo XVII.

Así empieza a caminar y a nacer nuestra muy querida Ciudad de Tuxtla. Más adelante se llamó sólo San Marcos Tuxtla, viviendo tradiciones, costumbres y sobre todo la religiosidad dentro del cristianismo y las tradiciones zoques con la participación  de mestizos y criollos. Posteriormente, en honor al Sr. Joaquín Miguel Gutiérrez la Ciudad se dejó de llamar San Marcos Tuxtla y se llamó como actualmente lleva su nombre: Tuxtla Gutiérrez, capital del Estado de Chiapas.

  Pongo a la respetable consideración del lector mis recuerdos y los recuerdos de vecinos que fueron compartidos con otros que ya se han ido y que hoy quisiéramos que estuvieran con nosotros para que este relato fuera más alegre, más  vívido. Los "menos jóvenes de hoy" fuimos los niños de aquellos tiempos, aproximadamente del año 1947 y datos más antiguos de cronistas tan respetables como el Sr. Gustavo Montiel, Prof. Manuel Martínez, José Luis Castro, José Ma. López Sánchez  y de otras personas muy amables que nos han compartido sus recuerdos  y sus anécdotas.

UBICACIÓN

Este querido y tan añorado barrio, añorado porque los mejores años, seguramente ustedes estarán de acuerdo conmigo, son aquellos  que han dejado un grato recuerdo de los primeros años de nuestra vida que son los de la niñez. Se limita pues entre las actuales calles: Calle Central (llamada antiguamente Calle del Estado) empezando por la Primera Norte (antiguamente llamada Calle El Progreso) hasta la Cuarta Norte (antes llamada Avenida Domínguez), luego la Cuarta Norte llega hasta la Tercera Poniente (antiguamente la Calle Corzo) y ésta se prolonga hasta la Primera Norte la cual termina de nuevo con la Calle Central. Hemos hecho este recorrido mentalmente ya que nuestro querido Tuxtla ha cambiado mucho, pero sus calles y  la nomenclatura de ellas es muy clara  y se ubica uno muy fácilmente.  

Antiguamente este barrio encontraba su límite hasta la Cuarta Norte, que se llamaba Avenida Domínguez y se localizaban muchos predios grandes y pocas casas. Esta calle de la Cuarta Norte era prácticamente hasta donde llegaba la ciudad, porque en adelante eran campos de hortalizas, regadíos (de albahaca, ruda, cilantro, yerbabuena, chile, etc.). Ya no habían calles, sino que eran veredas circundando el  río Sabinal.  De hecho nos cuentan que el río llegaba a la Cuarta Norte bordeando esta calle. 


FISONOMÍA DE LAS CASAS

En este recuadro de terreno las casas eran predios grandes con ciertas características: una puerta, dos ventanas, una de cada lado, puertas de madera con división al medio lo cual permitía tener la puerta con sólo la parte inferior cerrada  y la superior abierta por el mucho calor que como sabemos entre abril y mayo se deja sentir; y qué bueno porque así es nuestro pueblo, viene el calor y decimos cada año: ¡que bárbaro este año está más caliente que el año pasado!  y así decimos todos los años, pero es lo que nos hace ser así de puertas abiertas como les decía antes. Si no estaba toda la puerta abierta (atrancada tal vez con una piedra). Así era la costumbre y así lo permitían aquellos tiempos, las casas tenían patio y traspatio con árboles frutales en muchos habían palos de mango, de guayita, de guayaba, de mazú, (que servía en esos tiempos para pegar el papalote e ir a volarlos a "la Lomita"), árboles de papausa, de chincuya, de nanchi, chicozapote, cupapé, etc.  

Las casas eran de adobe con techo de tejas de barro y paredes de lodo con paja (bajareque) los pisos de ladrillo o simplemente de tierra. Recuerdo que cuando íbamos a alguna casa siempre habían regado el piso de ladrillo con agua, que despedía un agradable olor a "tierra mojada" y daba mucha frescura, a tomar algún pozolito o raspado de fresa con guineo como hacíamos cuando regresábamos muy acalorados de la escuela y pasábamos a tomarlo con la güera, al lado de la iglesia. Como han de saber "todo nos quedaba cerca", todo lo hacíamos a pie: ir a la escuela, al mercado, a la Iglesia a las fiestas de los vecinos, o por las tardes ir a jugar "encantados", "matatena" u otros juegos, de ese entonces.  

 Estas casas tenían en las ventanas un adorno de material ya sea redondo o cuadrado (aunque predominada el redondo) lo mismo que la puerta y se pintaban de colores alegres del piso hacia arriba, un metro veinte  más o menos y luego el resto de la pared de otro color preferido del dueño. Para estos años también habían casas mucho mejor distribuidas y elegantes hechas de concreto pues en este barrio había una gran variedad de personas y personajes: maestros, médicos, carniceros, herreros, comerciantes, artesanos, literatos, políticos, artistas etc., No habían colonias residenciales, "colonias de la periferia" como se dice hoy, sino que éramos realmente una "comunidad" de amigos de diferente condición social y económica.

Así también las circunstancias nos separaron, porque al correr del tiempo muchas nuevas familias vivieron en otros barrios del mismo nuestro Tuxtla, pero es un gusto que nos dé el tiempo de hoy la oportunidad de vernos nuevamente y como dice la canción "Parece que fué ayer". Nos vemos y el lapso de tiempo es mucho (en años) pero hablamos como si no hubiese pasado el tiempo y volvemos a recordar nuestros sucesos  de la escuela de los juegos y las travesuras de niños, ¡Que hermoso es recordar!
 
Una característica que tenía el barrio, era la venta casa por casa de toda clase de dulces,  tortillas hechas a mano y humeantes dentro del bochi bien tejiditas con su manta muy limpia para conservarlas muy calientes, tamales de toda clase, nieves como la del recordado don Pedro, dulces, caramelos de miel, melcocha, turrones obleas, etc. Señoras vendedoras de: cilantro, ruda, albahaca, yerbabuena, epazote etc., que colocaban en canastos que llevaban sobre su cabeza en una base que hacían con una manta muy enrolladita en el centro de su cabeza que les permitía llevar la canasta "en equilibrio" de esta misma forma vendían flores. No había suficiente luz eléctrica y la otorgaban por horas y tiempos determinados, se ayudaban en el alumbrado con quinqués de petróleo o lámpara de gasolina (aquellas de aire).

Como no habían otros medios de entretenimiento como hoy, el tiempo de distracción lo ocupábamos jugando, habían muchas reuniones familiares por diferentes motivos, en tiempo de luna llena salíamos a la banqueta o acera  porque se "veía muy claro", porque no había "aire acondicionado" y así se mitigaba el calor. Algún vecino sacaba la guitarra y se oían cantar en la acera mientras los niños gritaban jugando encantados, cuerda, 1, 2, 3 por mí, escondidas, etc. Nos cuenta una familia que tenían hijos varones y una sola niña que se reunían (los varones) en el traspatio de la casa y jugaban "al box" y cobraban un centavo por ver; llegaban como 6 niños, pero que no lo supieran las mamás porque no les gustaba que se estuvieran pegando.

 También habían muchos eventos de la "hora social" en la que participaban los vecinos declamando, cantando y alguna obra de teatro improvisada. También, ya no tan improvisada, había mucha participación de artistas en las radiodifusoras, como la XEON y XEUE

Nos sentábamos a escuchar cuentos, principalmente de espanto (los contaban los mayores) y ya no queríamos ir a la cama porque teníamos mucho miedo. En tiempo de carnaval se acostumbraba el cascarón con agua perfumada, cerrado con cera negra. Esta costumbre degeneró mucho con el tiempo y se olvidó, porque se volvió grosería lo que antes era diversión.



Modificado el ( jueves, 06 de octubre de 2005 )
 
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